Verifactu: ventajas e inconvenientes para una pyme que factura todos los días
Queda poco más de un año. El 1 de enero de 2027 las sociedades que tributan por el Impuesto sobre Sociedades tendrán que emitir sus facturas con un programa adaptado a Verifactu, y los autónomos disponen de seis meses más, hasta el 1 de julio de ese mismo año. La cuenta atrás corre ya, aunque en muchos bares y tiendas de Madrid la conversación todavía no ha empezado.
Conviene separar el ruido del contenido. Esto no es una aplicación que haya que instalar ni un trámite que se resuelva en una tarde: cambia la forma en que el programa de facturación guarda y comunica lo que facturas. Tiene consecuencias buenas y otras que escuecen, y vale la pena verlas por separado antes de firmar nada con ningún proveedor.
Qué es Verifactu y en qué se diferencia de tu programa actual
La Agencia Tributaria diseñó este sistema para que los registros de facturación no se puedan retocar después. Cada factura que emites genera un registro encadenado criptográficamente con el anterior, de modo que borrar o modificar uno rompe la cadena y deja rastro. Ese es todo el mecanismo. Lo demás —el código QR, el envío a Hacienda, la declaración responsable del fabricante— son piezas que sostienen esa idea.
De dónde viene la norma
El punto de partida es la ley antifraude, que prohibió el llamado software de doble uso: programas con una caja B integrada, capaces de emitir un ticket para el cliente y guardar otra cifra para la contabilidad. El Real Decreto 1007/2023 desarrolló los requisitos técnicos y el Real Decreto 254/2025 retrasó los plazos algo más de un año. Por el camino, la ley Crea y Crece fue empujando la factura electrónica entre empresas, que es un asunto distinto aunque las dos cosas se mezclen a menudo en la misma conversación.
Un programa de facturación no es un sistema homologado
Aquí está el malentendido más repetido. Cualquier hoja de cálculo sirve para emitir una factura; muy pocas herramientas cumplen lo que exige el reglamento. Un sistema informático de facturación conforme a Verifactu tiene que generar el registro, firmarlo, encadenarlo, estampar el código QR en la factura y, si se ha elegido esa vía, remitirlo a la sede electrónica de la AEAT. El programa que llevas usando desde 2015 probablemente hace lo primero y nada de lo demás.
Existe también la opción de los sistemas no verificables, que guardan los registros sin enviarlos y los conservan a disposición de Hacienda. Cumplen la norma, pero cargan al negocio con la custodia y con requisitos de conservación más estrictos. Nosotros recomendamos la modalidad Verifactu a casi todos los clientes por una razón práctica: lo que ya está en los servidores de la Administración no hay que guardarlo ni justificarlo luego.
Ventajas: lo que gana el negocio con Verifactu
La parte buena no es la que suele venderse.
El argumento oficial habla de transparencia fiscal y de reducción del fraude. Es verdad, pero a un hostelero con dos locales eso le suena a discurso ajeno. El beneficio tangible aparece en otro sitio: cuando el programa encadena registros de forma automática, el arqueo de caja deja de ser una reconstrucción a mano y el cierre del día sale cuadrado o salta el aviso. Los errores de tecleo se ven el mismo día, no en el trimestre siguiente, cuando el asesor pregunta por una factura que no aparece por ningún lado.
Hay otra ganancia que casi nadie menciona: cambiar de programa obliga a ordenar la casa. En más de 5.000 instalaciones repartidas por la Comunidad de Madrid hemos visto la misma escena docenas de veces. Al migrar salen a la luz tarifas duplicadas, artículos que nadie vende desde hace tres años y proveedores que cerraron en pandemia. La adaptación normativa acaba sirviendo de excusa para una limpieza que llevaba años pendiente.
Y para quien factura a la Administración o a grandes cuentas, tener los registros firmados y trazables ahorra discusiones. La factura está o no está, y se demuestra en un minuto.
Inconvenientes: lo que cuesta adaptarse a Verifactu
El dinero, que es lo primero que se pregunta
Hay que pagar. Quien tenga un programa antiguo tendrá que actualizarlo o sustituirlo, y quien todavía facture con plantillas de Word tendrá que comprar software por primera vez. La horquilla es amplísima: depende de cuántos puestos de venta haya, de si el terminal se queda o se cambia y de si el negocio necesita movilidad con PDA en sala. El Kit Digital cubre parte en algunos casos, aunque las convocatorias van por tandas y los importes no alcanzan a todos.
Al precio de la licencia se suma el de la implantación, que es el que casi siempre se olvida en el presupuesto: volcar el catálogo, configurar tipos de IVA, formar al personal y aguantar la primera semana de dudas.
La curva de aprendizaje, que es lo que de verdad duele
Un camarero con quince años de oficio no cambia de gestos porque haya un real decreto. Los primeros días el servicio se ralentiza, alguien anula tickets que no debería anular y el encargado llama por teléfono tres veces. Eso ocurre siempre y no hay manera de evitarlo; lo único que se elige es cuándo ocurre. Un cambio de sistema en agosto con la terraza llena es una decisión muy distinta a hacerlo un martes de febrero.
Otra incomodidad que conviene decir en voz alta: a bastante gente no le gusta que Hacienda vea las facturas al momento. El reparo es legítimo, aunque el sistema no remite más información de la que ya figura en los libros registro.
Las fechas, sin adornos
El 1 de enero de 2027 para las sociedades sujetas al Impuesto sobre Sociedades. El 1 de julio de 2027 para el resto de obligados: autónomos en estimación directa u objetiva, comunidades de bienes y demás figuras. Los fabricantes de software tenían su propio plazo, vencido el 29 de julio de 2025, así que hoy cualquier programa que se comercialice debería llevar ya su declaración responsable.
Que la fecha esté lejos no significa que convenga esperar. Los proveedores serios tienen agenda, y en el último trimestre antes de cada plazo la agenda se llena. Quien llame en noviembre de 2026 pidiendo instalación para diciembre se encontrará con lo que se encuentra todo el que llama tarde.
País Vasco y Navarra van por otro camino, con TicketBAI y normativa foral propia. Y quien ya está en el SII tiene parte del terreno andado, aunque eso no le deja exento.
Cómo elegir el programa sin equivocarse
La pregunta que hay que hacerle a un comercial no es si su software cumple con Verifactu. Todos dirán que sí. Las preguntas útiles son otras: que enseñe la declaración responsable, que explique qué pasa si se cae la conexión a mitad de servicio y que ponga por escrito quién paga la próxima actualización normativa.
Lo que tiene que hacer sí o sí
- Generar el registro de facturación firmado y encadenado con el anterior.
- Imprimir el código QR en cada factura y en cada ticket.
- Comunicarse con la sede electrónica de la AEAT en la modalidad que se elija.
- Conservar los registros accesibles y legibles durante el plazo que marca la norma.
- Actualizarse cuando la normativa cambie, sin que eso se convierta en otro proyecto.
Errores que se repiten
Comprar por precio es el más caro de todos. Una licencia barata sin soporte se convierte en un problema el primer viernes noche que el terminal no emite. Le sigue de cerca dar por bueno el «ya lo tenemos previsto» de un proveedor que no da fecha ni versión concreta. Hay un tercer error más silencioso: contratar un sistema pensado para otro sector, porque un programa de gestión para una tienda de ropa y otro para una pizzería con reparto se parecen en el fondo y no se parecen en nada en el día a día. Y el cuarto es dejar la formación para el final, cuando el equipo ya está aprendiendo a golpes en plena hora punta.
Antes de firmar
Pide una demostración con datos propios, no con el catálogo de ejemplo del fabricante. Media hora metiendo las referencias reales del negocio y simulando un servicio normal dice más que cualquier folleto.
Llevamos vendiendo terminales de punto de venta desde 1996 y la empresa abrió en 1981, así que hemos visto pasar la llegada del euro, la subida del IVA de 2012, la facturación electrónica de las administraciones públicas y ahora esto. El patrón se repite: los negocios que se adaptan con tiempo lo cuentan como una anécdota, y los que esperan al último mes lo cuentan como un mal recuerdo.